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Vivimos instalados en el no. Primero fueron los necios que, irresponsablemente, no querían escuchar. ¿Por qué? Porque no. Luego, los cabreados que, llegados a cierto punto, no querían ni hablar. Y ahora, los que de ninguna manera cederán.

Cada no es una losa que pesa una tonelada más que la anterior. Y mientras nos estancamos en buscar a los culpables (nos faltan dedos para señalar), el lodo nos agarra por los tobillos y nos hunde cada día un poco más.

tú

Somos TAN pequeños al lado del inmenso reino de lo absurdo y lo infantil que cuando queramos darnos cuenta el barro ya estará a la altura del cuello para la mayoría de nosotros. No nos olvidemos de que los bastones de mando flotan más que los mandos de la tele.  

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