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No le hace falta demasiado a Maroon 5 para triunfar. Le basta, con perdón de los fans de raza, un cantante con pintas de malote que hace mucho que dejó atrás las sudaderas de capucha y ahora luce camisetas de manga corta que marcan músculo. Las horas de gimnasio se lucen, reivindica Adam Levine videoclip tras videoclip, y además se ha vestido el cuerpo de tatuajes para esos momentos en que decide que tiene calor, que quiere compartirlo y se quita la camiseta para locura colectiva de cualquier sala de conciertos. Ayer, casi se nos cae encima el Palau Sant Jordi. ¿Y qué hubiera importado? Ya vendrá Adam con sus brazos a construirnos uno nuevo.

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Foto de Jordi Vidal, Getty Images

Adam Levine repite el guión religiosamente y sus devotas (y devotos, que también los tiene) no pedimos más. Un concierto de Maroon 5, trece años después de conocerlos (ayer era la primera vez que pisaban Barcelona), sabe a bendición, aunque se limiten a cumplir y no se atrevan a salirse de lo marcado. Chicas con coleta para frenar el calor, movimientos de cintura dignos de viernes o sábado noche, manos arriba y versos coreados una y otra vez, acompañaron masivamente a un Adam Levine que se atreve con sus archiconocidos falsetes en directo y los salva con mucha dignidad. Si fuera concursante de The voice, y no jurado, seguro que le dirían aquello de “tienes un gran control de la voz”.

¿Acaso alguien va a pedir más? Una hora y media de concierto con puntualidad suiza para empezar y para acabar, repleta de todos esos éxitos que nos han ido desgranando de cada disco, con un papel especial para los hits que nacen de V, el último álbum de los californianos, una fábrica de éxitos que las radiofórmulas repiten sin parar. Sugar, This summer is gonna hurt like a motherfuck**, Maps o Animals hicieron las delicias de 18.000 caderas allí reunidas, especialmente cada vez que Adam recorría arriba y abajo la pasarela en forma de flecha y se insinuaba (o eso queríamos) al público.

No hace falta haberlos seguido con especial interés durante esta década larga para cantar todas y cada una de las canciones del concierto, aunque si naciste entre finales de los 80 y principios de los 90, te descubriste seguro buscando alguna joya del Songs about Jane que nos los dio a conocer en 2002. This Love, Harder to Breathe y un acústico de She will be loved fueron anoche pequeñas píldoras de lo que un día fue Maroon 5. Pero son sólo eso, dosis contadas entre un mar de nuevos clásicos de discoteca que hacían subir la temperatura y ponían a bailar sin control a 18.000 cuerpos para cerrar por todo lo alto el fin de semana. Basta con haber encendido la radio a menudo para conocerse al dedillo letras como las megapegadizas One more night, Payphone, Stereo Heart o, claro, Moves like Jagger. No estaba Christina. Ni falta que hacía. Levine (veeeenga, y su banda) se valen por sí solos. Vamos, por no necesitar, Levine no necesitó ni la guitarra que llevó colgada durante buena parte del concierto. Pero… ¿y lo bien que le sienta?

Os dejo con el último single, que ya habréis descubierto en cualquier radio. Ahora sólo tenéis que verlo:

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