Cuando era niña, para ayudarla a superar la muerte de su padre, a Blanca su madre le contó un cuento chino. Un cuento sobre un poderoso emperador que convocó a los sabios y les pidió una frase que sirviese para todas las situaciones posibles. Tras meses de deliberaciones, los sabios se presentaron ante el emperador con una propuesta: ‘También esto pasará’ Y la madre añadió: ‘El dolor y la pena pasarán, como pasan la euforia y la felicidad’

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También esto pasará. No me daré cuenta y se habrá ido desenredando -no sin esfuerzo- de entre mis dedos, se habrá perdido todas mis noches y lo que importaba tanto resultará no haber sido nunca importante.

Nos dará igual, incluso, que todo haya pasado y el recuerdo sólo me mecerá hasta que exista uno nuevo que lo ocupe todo y que me vacíe de tanta tristeza y me rebose de alegría, si esta vez me toca ganar.

Una aguja de negra tinta sobre la piel -o el buen libro de Milena Busquets- para entender que todo, hasta lo que un día parece eterno, es tan cruel como felizmente temporal.

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