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El año pasado me equivoqué. Predije que 2013 sería el año de los valientes. Pero no, ha sido el año de los canallas. Nos rodean, nos acorralan, nos oprimen. Y sacamos la cabecita entre sus garras y sólo por eso no acabamos de morir asfixiados, pero desde luego, no vivimos. Lo digo seriamente. No vivimos.

2013 ha sido un año más de jarras de agua fría en el diario para el que trabajo y en el resto de medios de comunicación que un día me sirvieron como referente. Así que lo siento, no me pidan que diga que éste ha sido un buen año. Si apartan a Helen de sus maquetas y de mi lado, no es un buen año. Si Domènec no hace más fotos, no es un buen año. Si Leo deja de escribir su Cuestión de cuestionar y Núria su Bulevar, no es un buen año. Si la mayor diligencia de esa redacción, la apañada Gavaldà, se va, no es un buen año. Si no se rectifica el ERE de 2012 y no vuelven los primeros despedidos, no es un buen año. Si nos recortan salvajemente los sueldos y nos añaden presiones y exigencias, no es un buen año. Si todos aprendemos algo menos los que toman decisiones, no es un buen año.

Pero ahí seguimos, respirando. Quién lo diría. Todos con una sonrisa más grande de lo que cabría esperar dadas las circunstancias. Todos con más ganas que nunca de demostrar nuestra valía. ¿Alguien me puede decir que esa redacción no es grande?

Si lo mejor que podemos decir de 2013 es que al menos ha pasado rápido, es que no ha sido un buen año. No lo habrá sido, pero desde luego todos estamos demostrando estar hechos de una pasta que no esperábamos. Y no, no es sólo cosa de ese ático (también recortado) de passeig de Gràcia. Todos vosotros también. ¿O es que no os esforzáis cada día por levantaros de la cama mientras todo se mueve alrededor? Nos hemos convertido en grandes equilibristas. Pero no nos distraigamos: qué bien nos vendría un poco de calma.

Pueden aumentar mis impuestos, ennegrecer cada titular, no responder a mis peticiones, mentir en cada comparecencia, tratar de denigrar a mi sexo, alejar a mis amigos hacia países donde se les ofrece más dignidad, volver atrás en el tiempo hacia épocas que mis abuelos recordaron hasta el último aliento. Así de horrible fue. Así de horrible quieren que sea. Pero no me la quitan, ya os lo dije. No se acaba la ilusión, aunque se me lleven por delante. Porque despedimos el año, pero nada más. En cuestión de un segundo empieza uno nuevo y tenemos que entrar en él sabiendo que lo que nos rodea puede desmoronarse por momentos y nosotros vamos a seguir en pie. Somos la última pieza del dominó y por inercia caeríamos. Pero no lo vamos a hacer.

No vivimos pero lo haremos. En 2014 se rompe alguna cosa, no tengo muy claro el qué. Pero sí tengo claro quién quiero que esté a mi lado para barrer juntos los cascotes. Aquéllos que han hecho de mi 2013 un año extrañamente agradable en medio del tsunami de despropósitos. Podría haberme dejado arrastrar por la marea, pero Aida, Maria, Esther, Cris (Xurumi Campmajó y Wikitina) y mi compañera de fiebres vetustas Andrea no me han dejado. Soy muy afortunada.

Es más, todas ellas y muchos otros han ayudado a que 2013 ya tenga una marca especial en mi calendario por ser el año en que Catalunya no se independizó pero yo sí lo hice; el año en que celebré 25 años de vida en la mejor de las compañías; el año en que más siestas he sacrificado, por suerte; el año en que Innovadores ha seguido creciendo gracias al esfuerzo de muchos; el año en que he seguido acumulando noches de cierre; el año en que pusimos punto y aparte con el italiano y me reencontré con el inglés; el año en que he echado de menos y me han echado de menos y eso quiere decir que estamos vivos y nos movemos, pero sobre todo que nos recordamos; el año en que regresé a mi amada Italia; el año en que visité a un gran amigo en su tierra de acogida; el año en que abracé a otro gran amigo cuando, maldita sea, lo necesitó.

Al final, los nombres son casi siempre los mismos y no sé si necesitan ya ser mencionados o se leen entre líneas. Sería bueno, porque querría decir que empiezan a sobrarnos las palabras y podemos disfrutar juntos de los silencios.

Por un 2014 de resistencia y de cabezas bien altas. Por un 2014 de calor humano entre tanto frío polar AHÍ FUERA. Cójanse de las manos. La última pieza no cae si no cae la primera.

PD. Y aquí la imagen del año. Y para el año.

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