Etiquetas

, , , , , , , , , , ,

Hoy era mi día libre. Como algunos habrán leído en Sobre mí o habrán deducido por mis posts, soy periodista. Sí, de ésas de ahora. Joven. Con ganas. Extrañamente, con empleo e incluso con sueldo. Una rara avis, vamos. Pero, eso sí, sin tiempo. Por eso no me resulta extraño trabajar en mi tiempo libre.

Lo que sucede cuando tienes un trabajo que te motiva es que ese pequeño detalle no te molesta. O si te molesta lo hace por motivos puramente físicos. El cansancio nos nubla la vista. Somos humanos. Soy humana. Pero ayer, a pesar de que el cansancio pesaba, me cargué a las espaldas una entrevista y la asistencia al #cursobloggers que se celebraba Espai Barts del Paral·lel.

Curiosamente, la primera entrevista de la mañana fue con Jordi Romañach, autor del recién publicado Dieta digital, libro que cuestiona la sobreexposición y el fanatismo en las redes sociales. Sinceramente, el libro me conquistó, posiblemente porque día a día también ha ido creciendo mi escepticismo por el (mal)uso que se hace de la tecnología. Podréis leer más sobre sus reflexiones en el próximo Innovadores (16 de abril) pero os adelanto que Jordi sólo propone debate. ¿Acaso es un problema? Para lugares que sólo tienen seguidores o fans, parece que sí.

Pero como nada me gusta más que escuchar todas las opiniones para poder entender, tras la entrevista me planté en el curso intensivo para bloggers que organizaban gratuitamente Coguan y Bananity y que pudieron seguir más de 7.000 personas entre asistentes presenciales y espectadores del streaming. Allí (también podréis leerlo en el próximo suplemento) se habló de trucos, de consejos, de diseño, de titulares, de cómo llegar al lector. De monetización. Y se habló, por supuesto, de emoción. Y, sobre todo, de motivación. Al final, puede ser como un trabajo más (y no os hablo de salario, os hablo de esfuerzo). Porque al final, la pasión es el denominador común de la mayoría de usuarios que se crea una ventanita en la blogosfera para… ¿para qué se lo crean?

Muchos hablarán de exhibicionismo. Y aparecerá, claro, la palabra ego en medio de los discursos de aquellos que no entienden el fenómeno del blogging (y ya puestos, menos el del microblogging en redes como Twitter). Pero… ¿y si sólo sientes una necesidad tremenda de escribir, de comunicarte, de saber que hay alguien al otro lado? O ni siquiera eso. Simplemente, de vaciarte. ¿Entonces cuál es tu lugar?

He llegado a casa contrariada, pero muy contenta por ver claramente las dos caras de la moneda. Porque sí, internet, como todo, también tiene dos caras. Y si conocemos ambas será más fácil disfrutar la positiva y lograr deshacernos de la negativa. No la ignoremos. Comprendámosla y actuemos en consecuencia.

Anuncios