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eyelashes_elena_anosova

 

Todas aquellas pestañas me miraban y me suplicaban. Ríndete, decían. Vete, me imploraban. Y se supone que no había otra opción. Bajar los brazos, recoger los pedazos y (rend)irse.

A cinco centímetros, las miraba embelesada, como cada vez, y sólo podía pensar en cómo quería besarlas… Esos días muchas personas me hablaron del valor. Valor fue no romper esos cinco centímetros y posar mis labios sobre ellas una vez más, ver cómo se alborotaban esperando el contacto con mis labios, notar cómo se relajaban cuando por fin estaban refugiadas en su calor.

Valor fue hacer caso a su ruego. Y (rend)irme.

 

O todo lo contrario.

 

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