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Fotografía de Andrea Pelayo

Y es que somos tan conformistas que cada año nos roban el otoño y aquí estamos, pasando otra vez de la sandalia a la bota, del tirante al jersey sin rechistar. Y las mangas largas finas, en el armario hasta la primavera que, atmosféricamente, tampoco existirá. Emocionalmente… es otro cantar. Y de eso sí que se debería poder hablar, no? Pero tampoco. Todas esos colores mentales, todas esas flores, todos esos ¡bum!, ¡bam!, ¡clic!, ¡dingdingding!, como sucede con las mangas largas finas, están mejor en el ropero.

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