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… evitar lo inevitable y convertir lo evitable en inexistente.

Voluntad es lo que nos sobra para unas cosas y nos falta para otras. Voluntad es lo que se rompe cuando abusan de ella. Voluntad es lo que querríamos tener para enfrentarnos al frío del que nos protegen las sábanas pero también para adentrarnos en ellas en esas noches en las que sabemos que los fantasmas no nos dejarán dormir. Voluntad es lo que queremos de otros. Voluntad es lo que se agota cuando se trata de trabajar en días en que el sol saluda prepotente tras la ventana. Voluntad es lo que siempre hay para “una más” en una noche de camaradería. Voluntad es lo que me queda a base de arañar impulsos, ganarle minutos al reloj, no escuchar aquella canción, no pasar por esa calle, no descolgar ese teléfono, no escribir o, simplemente, no enviar. No, no, no y todas las veces no. Incluso las que serían . Voluntad es silencio y manos atadas. Voluntad es equilibrio. Voluntad es no dejar sitio a un luego. Voluntad es otro septiembre. Voluntad soy yo involuntariamente. Y probablemente no sea nada más. No tengo claro si es mucho, es poco, es todo o es nada.

Fotografía: Meredith Farmer (Creative Commons)

 

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