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Entre tanto claxon y tanto humo apenas podía escuchar ni ver. No lo sabía, pero lo entendí de golpe: necesitaba un poco de verde entrando directo a los pulmones, toda la gama de azules atravesándome la retina y rompiéndome los esquemas, el aire puro haciendo que se erizase cada poro, rebelde, erecto, dispuesto a la batalla. Un poco de norte, soledad absoluta, buscada y querida, algo de silencio real y duradero por fin.

Hoy vuelvo al tiempo y al lugar de las luces. Ahora que tengo la piel curtida, los colores rebotando en mi cabeza y las ganas necesarias, lo único que necesito es que el frío no sea lo único que me haga temblar.

 

 

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