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Lo incompleto parece más completo ahora. No todo encaja. De hecho, nada lo hace. Pero curiosamente las horas y las penas se escurren con calma entre el sol, la sal, el sonido de las pelotas rebotando entre dos palas lejanas, los niños chapoteando en la orilla y las gaviotas volando hacia ninguna parte. Ninguna parte es el lugar al que ir ahora que el sol cae más tarde. Y si alguna pena se atreve a pegarse como la arena entre los dedos, no hay mal que un buen chapuzón adivinando el horizonte no cure.

Cuando llegue el otoño ya buscaremos las piezas que faltan.

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