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Probablemente nadie habría encontrado mejores palabras para describir a parte de la redacción de El Mundo Catalunya. Llucia Ramis, escritora y periodista colaboradora del diario, homenajea hoy a sus compañeros, a mis compañeros. Ya pueden decir que nos gusta el autobombo.Ya pueden decir que nos creemos el ombligo del mundo, que somos demasiado corporativistas.

Yo matizaría y les diría que lo que hay ahí dentro no es amor por ninguna cabecera, en todo caso amor por una profesión cada vez menos valorada, cada vez más ajada y recortada, cada vez más señalada, cada vez más condenada. Aunque no les vamos a dejar.

Lo que hay en ese quinto de paseo de Gràcia 11 es una especie de -y siento el tópico- gran familia, con sus encuentros y sus desencuentros, con sus abrazos y sus riñas, con sus ratitos al lado de la máquina de café y contra la máquina de bollería que algún día incorporó manzanas, sus paseos hacia la impresora, su nevera a menudo maloliente, sus gritos y cánticos en las tardes y noches de fútbol y sus enormes fiestas de camaradería y algún que otro mordisco. Su silencio y su tensión en los cierres solitarios que muy pocos conocen y que, sin embargo, son imprescindibles, digan lo que digan a partir de ahora las grandes cabezas pensantes y, sobre todo, contantes.

Os dejo con el gran, gran texto de Llucia Ramis. Lo explica y lo personaliza mejor. No están todos los que son pero es una aproximación acertadísima y muy, muy bonita.

EN VERANO tienes que abrigarte. El calor en invierno es sofocante y alguien abre la ventana para que la redacción se airee un poco. Seguramente ha sido Paco Cabezas, el jefe de Deportes, que se estrena como padre.
Núria Cuadrado, la jefa de Cultura, se levanta y la cierra; dice que entra frío. Una manifestación pasa siete plantas por debajo, en Passeig de Gràcia y Gran Via. Encaramado al alféizar, como un adonis curtido, Quique García saca fotos. Antes de irse a Tailandia, Bali hubiera disparado a su lado, un par de francotiradores que saben dónde poner el objetivo. Bali es el jefe de Fotografía, el Bruce Lee de la instantánea, y pega fuerte. Bajaba a fumar con Santi Cogolludo, el mejor socio al que puede aspirar un cronista, artista de la vida que disfruta de la buena compañía y Nicaragua, eterno militante contra el poderoso choriceo, y con quien he recorrido media ciudad y mil aventuras sobre su Scoopy. Con ellos están Antonio Moreno, que me recuerda a David el Gnomo por su bonhomía, siete veces más fuerte que cualquiera, el incombustible soñador Christian Maury y Domènec Umbert, a quien llamamos cariñosamente El Abuelo. Él vela por nosotros.

Enfrente se sientan los de Diseño. Elena Cantón es esamoderna con bambas, gafas y vaqueros que sabe de música y algunas cosas frikis, y temonta una página superchachi en tres minutos. Rychi tarda un poco más, porque es un perfeccionista al que consultas cuando quieres quedar bien con un buen vino.

Cuando hay partido, los de Deportes bajan a comprar hamburguesas, suben el volumen de la tele y es imposible ignorar cada uno de los movimientos del Barça. Amadeu Garcia acaba de mudarse. Aparte de fútbol, sabe tanto de informática que llegó a recibir un e-mail desde el Más Allá. La paternidad de David Carballo también fue un flipe y la prueba de que en esa sección hacen algo más que trabajar, tomar una copa en el Milano y olvidar noches en el Karma. Andrés Corpas sustituye a los añorados Albert Martín y Germán Aranda.

Del Espanyol y sin complejos, Javi Oms salta. Ya está bien de partidos robados. Todos le abuchean, alguien suelta una guarrada. Ajena al barullo, la coordinadora del Tendències, Leticia Blanco, vuelve de la impresora con una página y la repasa a conciencia mientras Vanessa Graell hace lo propio a su lado. Es día de cierre del suplemento, tienen que echar un último vistazo al texto de esos colaboradores que alguna vez estuvieron en plantilla y esos otros que están ahí desde siempre. Oh, capitana, nuestra capitana Carol Álvarez se quedará hasta tarde.

Ante una situación crítica, los redactores suelen hacer huelga de caída de firmas. Esto es: no rubricar los artículos que aparecen en el diario. Quizá sea un gesto inocuo que minimiza aún más, si cabe, la tarea que llevan a cabo. Ya está que el periodista no debe ser el protagonista de la noticia. Pero cuando esa noticia comunica el despido inminente de buena parte de los trabajadores de un medio que publica en portada el aumento del paro y lo sitúa en el 24%, una huelga de
firmas no hace sino enmudecerlos.

Tras una cabecera hay algo más que nombres. Por eso, como humilde recordatorio, agradecimiento y manifestación, vaya esta mención a los redactores de la edición catalana de EL MUNDO. Hay más, pero de momento no tengo espacio. Como, por lo visto, tampoco lo tiene la profesión.
(Continuará… espero).

Gracias a Llucia Ramis por encontrar las palabras. Y por publicarlas.

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