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La vida está llena de matices. En el segundo post en este blog intenté dibujar uno sobre el estilo. Hoy intentaré hacer lo mismo con otros conceptos: la tenacidad y la tozudez.

Para entender algo, id a kiosko.net y mirad las portadas de los diarios de hoy (y de hecho, sirven también las de mañana según anuncian en Twitter). Buscad y encontrad el motivo de este post. Creo que no será difícil:

Estar convencido de algo puede ser terrible. Y más si la seguridad procede de supuestos indicios, de pistas que obtenemos de forma más o menos fiable, de señales que nos dan otros.

Qué tremendo error confundir la tenacidad -en la búsqueda de algo más equitativo con la realidad– con la tozudería, la cabezonería, la obstinación que da la brevedad de miras, la convicción, la fe, las creencias, las religiones.

Estar convencido de algo es terrible. Porque no son sólo los sentidos los que nos pueden traicionar. Me descubro recurriendo a cuestiones filosóficas que siempre he rechazado como materia obligatoria de estudio pero es que… ¿Qué es la verdad? ¿Quién la posee?

Permitidme obstinarme entonces con algo que valoro más que la verdad: la duda.

Es cierto que no podemos pasarnos la vida dudando. Hay cosas sobre las que nuestra cabeza actúa más rápido que nosotros. Sin embargo… hay temas que son delicados y sobre los que vale la pena reflexionar antes de hablar, temas que acarician nuestro yo más sensible, juegan con él y lo arrastran a donde quieren. Heridas que no es que no se deban reabrir sino que sólo se debe hacer cuando hay una cura de verdad o cuando hayamos encontrado el origen del mal.

Empecinarse es especialmente peligroso si tienes un trabajo con una alta responsabilidad social y si eres una persona influyente. No hay nada peor que empeñarse en algo sólo porque piensas que es así. No hay nada peor que involucrar a todos los que, directa o indirectamente, te siguen para conseguir demostrar que lo que tú piensas se corresponde con la realidad.

Es absurdo dedicar años y esfuerzos en una causa que perdió en el primer momento, cuando se posicionó al pensar sin saber.

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