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C.- ¿Fumas?

A.- No, gracias. Tengo formas más sutiles de destrozarme.

Su ceja levantada me obligó a añadir:

A.- Los amores imposibles protagonizan mi historial con todo tipo de aventuras que suben el azúcar, causan arritmias y agudizan la estupidez. No hay chicles para eso, ¿sabes? Y la Seguridad Social no monta grupos de apoyo para superarlos, ni siquiera pone paneles informativos en los ambulatorios. “Amar puede matar”. Ningún médico te insiste en que lo dejes, ninguna cajetilla te muestra cómo te quedará el corazón cuando no funcione, no lo prohíben en los bares. Al contrario, lo fomentan. Esa oscuridad confusa, esa forma de hacer que se te acerque suavemente para susurrarte al oído… Es entonces cuando te desmoronas y falla toda la fuerza de voluntad que habías acumulado en momentos más dignos de sobriedad y racionalidad. De repente, su olor se cuela por cada poro de tu piel y ya no puedes decir que no. Te sorprendes deseando, cuando no suplicando, una calada más, un beso más.

Su ojos saliéndose de órbita me obligaron a mentir:

A.- Es broma, tonta, jajaja. Va, no te asustes. Yo no soy de ésas. Pásame uno y vamos a bailar.

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