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Es increíble cómo sólo dos días de desconexión (parcial, pero desconexión) de la actualidad te hacen sentir esta… felicidad. Tenéis que entenderlo: dos jornadas de playa, amigos y cine dejan poco espacio a las noticias y sin noticias… sin noticias no hay nada, no pasa nada, todo va bien.

Te refugias en la sombra del chiringuito y, de repente, se acaba la sequía y la hambruna en Somalia. Por no hablar, no hablemos tampoco de Kenia. Sin duda un baño refrescante después de pasarte una hora en modo lagarto bajo el sol de agosto hace que lo último que pienses sea en las próximas generales. Rubal…qué? La marea que sube y baja, viene y va, el rumor de las olas no te deja oír cómo acaba la palabra.

Los granizados de limón te hielan la garganta y el cerebro y entonces te olvidas de la prima de riesgo, la inflación, la bolsa, los desahucios, el paro, los recortes y la crisis. Crisis, ¿qué crisis? 

Una sala con aire acondicionado, un buen cubo de palomitas regadas con Cocacola -¡incluso si es de máquina!- y una película que te haga reír basta para no saber si muere gente en las carreteras por exceso de velocidad o de alcohol, si ya son más de 50 las mujeres muertas a manos de sus parejas en 2011 o si hay más locos como el noruego aquél -¿Cómo se llamaba?- dispuestos a matar porque eres diferente. Un alivio no saberlo.

¿Y qué me decís de las terracitas y los niños chapoteando en la piscina? Ni problemas sociales ni choques entre religiones ni revoluciones (a todo esto… se ha muerto ya el egipcio aquél del juicio en camilla?) que amarguen más el sabor de la cañita imperativa y las bravas. Así da gusto.

Y os diré más: los gritos de los aficionados en los clásicos (¿cuántos se juegan al año?) impiden escuchar, por suerte, que la visita del Papa a Madrid el próximo jueves tendrá un coste equivalente -para las arcas públicas, faltaría más! Ni que fuéramos un país aconfesional!– a los recortes en educación en la Comunidad de Madrid. Por si no estáis muy al día: 50 millones de euros. 50 millones de euros… en cuatro días.

Una podría hasta pensar que el verano es un invento de alguien para que no pensemos en algo. Un invento celestial. Le preguntaremos a Ratzinger si Dios tuvo algo que ver. Ya que lo traemos, que nos cuente algo, no?

Después de todo puedo entender que haya quien ni sepa que el diario ya cuesta 1,20 entre semana y que el Telenotícies de Tv3 -que comentan que ha abierto hoy con Cesc pisando el Camp Nou- empieza a las 14.30. ¿Quién querría leer con este panorama? ¿Quién está dispuesto a ver y a escuchar? Pero yo… yo no podría acostumbrarme a este silencio. La felicidad no debe estar hecha para mí.

PD. He decidido que Mafalda va a ayudarme con esto.

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