Etiquetas

, , , , , ,

Os diré algo: no tengo ni idea de futbol y no sé si lo que necesita el Barça es un central, un defensa o un portero (obvio, estoy exagerando). Sí, soy de ésas que cuando ve un partido lo reduce todo a un grupo de tíos en camisetas de colorines corriendo detrás de un balón y sí, me parece algo bastante ridículo y sólo entretenido a veces. Pocas, a decir verdad.

Confieso también que grito cuando no toca y me pongo frenética cuando fallan cosas que, al otro lado de la pantalla y sentada en una butaca Cocacola en mano, parecen simples. Y sí, 90 minutos me parecen demasiados casi siempre y la cantidad de futbol que se emite en televisión se me antoja, simplemente, vergonzosa. En mi opinión, le damos una dimensión que no tiene al ‘deporte rey’ –¡ufff!– y lo aceptamos con más o menos resignación. Todos. Lo aceptamos.

Desde hace unos meses, las quejas contra el sistema político y económico se suceden en múltiples países con más o menos acierto, con más o menos efecto, pero siempre con razón. Me pregunto CADA DÍA cuándo llegará la rebelión contra los abusos en el futbol, contra el hecho de que un solo jugador cobre 20 millones de euros por temporada como le ofrecen a Eto’o por pasar del Inter al Anzhi, un equipo ruso. No dudo de que los jugadores hagan bien su trabajo. Pero me pregunto si ese trabajo realmente merece esas cifras. Tenéis razón los que digáis que el futbol genera, a su alrededor, unos números descomunales pero eso no es excusa. Eso también me preocupa.

Puedo entender la felicidad que causa en alguien la victoria de su equipo pero jamás entenderé la tristeza o la mala leche de la derrota. No voy a negarlo: yo misma he celebrado triunfos del equipo al que sigo con fidelidad pero sin locura. Ni me deja sin dormir ni me da de comer. Y curiosamente esa felicidad que os relataba de los grandes partidos, de los grandes goles, de las grandes jugadas, se combina con una sensación de cansancio brutal cuando pienso en todo lo que se mueve alrededor de este deporte.

La misma sensación de hastío que acumulo por el caso Fàbregas que se completa hoy con 39 millones de euros de por medio. Y por cierto, para los que dicen que el culebrón acaba… permitidme un apunte: el cuento sólo acaba… de empezar. Pocos jugadores tienen tantos ojos sobre su dorsal, pocos cargan con ese peso.

Hay quien funciona mejor bajo presión y hay quien, bajo presión, explota. Veremos de qué pasta está hecho Cesc y veremos de qué pasta somos nosotros ante todo este circo. ¿Quién explotará antes?

Anuncios