Barcelona, tu ja m’entens

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No quería verte en portadas de diarios internacionales, si no era para hablar de lo espectacular que eres, para abrirte todavía más al mundo. No quería imaginarte cabizbaja, dolorida, ensangrentada. No quería ver carreras ni miradas de pánico en calles que siempre muestran paseos y sonrisas relajadas.

No quería tampoco, saber reaccionar. Tener localizados a los míos en menos de 5 minutos. Saber que todo está mal pero que nosotros estamos bien. Quería pero no quería, ja m’entens.

No quería encerrarme en casa a esperar, con las ambulancias de calle Aragó rivalizando con el sonido del televisor. No quería no soltar el móvil, no quería hashtag, no saber qué postura adoptar en el sofá. No quería no saber qué hacer. No quería este sentimiento de vacío punzante, de inutilidad preocupante, de tristeza incrustada en el estómago. No quería el corazón en la boca, latiendo desbocado, ni las piernas temblando, ni los ojos claudicando.

No quería despertar y pensar que había sido una pesadilla, abrir los ojos y descubrir que todo había empeorado de madrugada, mientras mi cuerpo derrotado por la tensión se había rendido. No quería grillos en plaça Catalunya, silencio sepulcral en el bus, mirada desconfiada en el cruce de un semáforo, sentarme frente a una pantalla a actualizar una página que no mostrará una cara mejor.

No quería solidaridad urgente, no quería colas de donantes, no quería psicólogos de guardia movilizados, no quería #BedinBarcelona. No quería cuerpos de seguridad unidos, no quería enfermeros ejemplares, no quería periodistas y fotógrafos entregados. Quería pero no quería, oi que m’entens?

No quería aprenderte así. Y, sin embargo, así eres. Siempre luz, hoy algo de sombra. Pero te prometo -porque todas las batallas las libramos juntas, porque yo soy como soy porque soy de tu tierra y de tu sal- que mañana nos levantaremos. Y caminaremos lento pero firme para volver a demostrar lo que eres: luminosa, diversa y siempre generosa. Sólo un loco no querría vivir aquí. Sólo un loco querría hacer daño a una belleza así.

Barcelona, avui i sempre. La seva gent -d’aquesta terra o atreta per aquesta terra-, avui i sempre.

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28 de reflexión

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Cosas desordenadas que te vienen a la cabeza al abrir los ojos y haber cambiado, por arte de magia (o eso te parece a ti), un 7 por un 8.

  • No necesito recibir felicitaciones de Infojobs, de Sephora o de tantas otras empresas y marcas, no aportan nada a mi vida. Basta.
  • Ha valido la pena tomarme el día libre. Para levantarme sin despertador, saborear un croissant de mi panadería favorita del barrio (y salir a la calle con la parte de arriba del pijama debajo de la chaqueta), ver el ambiente del mercado por la mañana, ducharme con calma, caminar en vez de coger el autobús, comer con mi familia, tener tiempo de una larga conversación telefónica con un buen amigo.
  • He estrenado año con la misma BSO que me acompaña desde hace años. Las obsesiones lo son porque perduran, porque martillean, porque persiguen. Cada vez me cuesta más que la música nueva me llene. Y eso, amigos, es lo que hace contigo la vida. Cada vez necesitas menos novedades, cada vez sientes más comodidad en lo que conoces, en lo que puedes confiar ciegamente.
  • A los nacidos entre octubre y enero, el Estado debería regalarnos por nuestro cumpleaños una caja enorme de kleenex porque tener que celebrar nuestro cumpleaños moqueando NO es justo. A cambio, eso sí, siempre vamos surtiditos de bufandas molonas.
  • Adoro noviembre y sus cielos azules punzantes.
  • Hace poco me dijeron que los nacidos a final de año estamos mucho más acostumbrados a esforzarnos más. Todo empieza en el colegio, cuando tienes que aplicarte (rápido, rápido, rápido) para alcanzar a tus compañeros, que si nacieron en enero son realmente un año más mayores que tú y eso se nota mucho en un momento de tu vida y después el tiempo deja de importar. Y yo creo que algo de eso te queda luego, muy dentro. Al menos, la prisa, las ganas, la necesidad de estar siempre a la altura.
  • ¿Tendría que comprarme un bolso, calzarme tacones, dejar de llevar básicas de colores, pijamas de dibujitos? ¿Me haría eso más adulta, más mujer, más respetada? A todo, no. La idea pasa fugazmente -y regularmente- por mi cabeza y luego se autodestruye sin que tenga que intervenir demasiado. A mi cabeza, que siempre va sola, arriba y abajo, gracias.
  • ¿Podré vivir algún día sin la sensación de que me falta tiempo para todo lo que NECESITO hacer, para todo lo que quiero leer, para todos los lugares que debo visitar, para todas las canciones que quiero bailar?
  • ¿Significa algo que el 7 se redondee hasta convertirse en 8 y que pronto el 8 vaya a perder sus curvas y vaya a ser un 0? ¿Importa algo que todo siga por hacer?
  • Ya lo veo: todas esas preguntas que siempre revolotean en mi cabeza y todas las que aún no me he hecho me acompañarán un año más.
  • Qué importante es escuchar y ser escuchado. Gracias a eso he recibido en papel un descubrimiento lleno de significado que hice en la red. Os dejo un fragmento, que no puede representar mejor este momento preciso de mi vida, en el que se ríe a la vez que se llora porque siempre falta algo:

I am trying to remember you

and

let you go

at

the same time

(Nayyirah Waheed, The mourn)

Resígueme. Un alegato por la comprensión lectora

puntos-suspensivosHay quien te lee a la perfección pero sólo en horizontal, quien se cuelga de unos píxeles y cree conocerte porque te descubre en digital y quien, simplemente, te lea como te lea, te lee mal.

Una no sabe ya si es una cuestión de comprensión lectora o que este libro está mal escrito, lleno de faltas de ortografía o de puntos suspensivos que no llevan a ningún lugar.

Y a mí me parece sencillo: estas páginas no son de hielo, pero tampoco de cristal. Si estás atento, si me resigues con el dedo, no sabes lo que puedes encontrar.