28 de reflexión

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Cosas desordenadas que te vienen a la cabeza al abrir los ojos y haber cambiado, por arte de magia (o eso te parece a ti), un 7 por un 8.

  • No necesito recibir felicitaciones de Infojobs, de Sephora o de tantas otras empresas y marcas, no aportan nada a mi vida. Basta.
  • Ha valido la pena tomarme el día libre. Para levantarme sin despertador, saborear un croissant de mi panadería favorita del barrio (y salir a la calle con la parte de arriba del pijama debajo de la chaqueta), ver el ambiente del mercado por la mañana, ducharme con calma, caminar en vez de coger el autobús, comer con mi familia, tener tiempo de una larga conversación telefónica con un buen amigo.
  • He estrenado año con la misma BSO que me acompaña desde hace años. Las obsesiones lo son porque perduran, porque martillean, porque persiguen. Cada vez me cuesta más que la música nueva me llene. Y eso, amigos, es lo que hace contigo la vida. Cada vez necesitas menos novedades, cada vez sientes más comodidad en lo que conoces, en lo que puedes confiar ciegamente.
  • A los nacidos entre octubre y enero, el Estado debería regalarnos por nuestro cumpleaños una caja enorme de kleenex porque tener que celebrar nuestro cumpleaños moqueando NO es justo. A cambio, eso sí, siempre vamos surtiditos de bufandas molonas.
  • Adoro noviembre y sus cielos azules punzantes.
  • Hace poco me dijeron que los nacidos a final de año estamos mucho más acostumbrados a esforzarnos más. Todo empieza en el colegio, cuando tienes que aplicarte (rápido, rápido, rápido) para alcanzar a tus compañeros, que si nacieron en enero son realmente un año más mayores que tú y eso se nota mucho en un momento de tu vida y después el tiempo deja de importar. Y yo creo que algo de eso te queda luego, muy dentro. Al menos, la prisa, las ganas, la necesidad de estar siempre a la altura.
  • ¿Tendría que comprarme un bolso, calzarme tacones, dejar de llevar básicas de colores, pijamas de dibujitos? ¿Me haría eso más adulta, más mujer, más respetada? A todo, no. La idea pasa fugazmente -y regularmente- por mi cabeza y luego se autodestruye sin que tenga que intervenir demasiado. A mi cabeza, que siempre va sola, arriba y abajo, gracias.
  • ¿Podré vivir algún día sin la sensación de que me falta tiempo para todo lo que NECESITO hacer, para todo lo que quiero leer, para todos los lugares que debo visitar, para todas las canciones que quiero bailar?
  • ¿Significa algo que el 7 se redondee hasta convertirse en 8 y que pronto el 8 vaya a perder sus curvas y vaya a ser un 0? ¿Importa algo que todo siga por hacer?
  • Ya lo veo: todas esas preguntas que siempre revolotean en mi cabeza y todas las que aún no me he hecho me acompañarán un año más.
  • Qué importante es escuchar y ser escuchado. Gracias a eso he recibido en papel un descubrimiento lleno de significado que hice en la red. Os dejo un fragmento, que no puede representar mejor este momento preciso de mi vida, en el que se ríe a la vez que se llora porque siempre falta algo:

I am trying to remember you

and

let you go

at

the same time

(Nayyirah Waheed, The mourn)

Resígueme. Un alegato por la comprensión lectora

puntos-suspensivosHay quien te lee a la perfección pero sólo en horizontal, quien se cuelga de unos píxeles y cree conocerte porque te descubre en digital y quien, simplemente, te lea como te lea, te lee mal.

Una no sabe ya si es una cuestión de comprensión lectora o que este libro está mal escrito, lleno de faltas de ortografía o de puntos suspensivos que no llevan a ningún lugar.

Y a mí me parece sencillo: estas páginas no son de hielo, pero tampoco de cristal. Si estás atento, si me resigues con el dedo, no sabes lo que puedes encontrar.

 

 

El reino del no

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Vivimos instalados en el no. Primero fueron los necios que, irresponsablemente, no querían escuchar. ¿Por qué? Porque no. Luego, los cabreados que, llegados a cierto punto, no querían ni hablar. Y ahora, los que de ninguna manera cederán.

Cada no es una losa que pesa una tonelada más que la anterior. Y mientras nos estancamos en buscar a los culpables (nos faltan dedos para señalar), el lodo nos agarra por los tobillos y nos hunde cada día un poco más.

tú

Somos TAN pequeños al lado del inmenso reino de lo absurdo y lo infantil que cuando queramos darnos cuenta el barro ya estará a la altura del cuello para la mayoría de nosotros. No nos olvidemos de que los bastones de mando flotan más que los mandos de la tele.